La cárcel Modelo ocupa al menos una manzana completa de la ciudad de Barcelona. A su alrededor, edificios de pisos sitúan sus terrazas con vistas a este centro que, me comentan, fue en su momento ejemplo de diseño en cuanto a sus instalaciones.
Imagino la vida en uno de esos pisos y especialmente el acto de fuga visual que acostumbramos todos a realizar desviando nuestra mirada de nuestro propio entorno, el interior de la vivienda, hacia la línea o barrera más lejana posible en el horizonte: otro edificio, un parque, un monte; tal vez el mar, si somos afortunados.
Pienso en esa acción repetida por la vecindad de la Modelo. ¿Identifican rutinas concretas que siguen a diario, como si un programa de televisión se tratara? ¿Establecen relaciones de complicidad con los presos? ¿Se conoce algún caso de matrimonio o amistad duradera tras cumplir el penado su castigo? ¿Impacta de algún modo sobre el propio desarrollo personal?